El Especial de agosto 2018

Llega el especial de agosto y por los pelos. Me he abandonado al frenesí de la vida Madrileña y apenas tengo tiempo de escribir. Prometo enmendarme en algún momento.

Acerca del éxito

Experimentamos un gran atraso en la concepción del éxito laboral, y del papel que juegan nuestras propias emociones en el mismo.

Sin desmerecer la educación académica, que es importantísima e indispensable, la corriente de pensamiento rancio que veo en nuestra sociedad es que si queremos tener éxito profesional, el único camino es pasar por la cantera universitaria. Tienes que ser alguien de carrera o con carreras, y si no, ya sabes que no eres tan bueno para ellos.

El siguiente paso sin duda es pertenecer al eslabón más alto de la cadena ejecutiva de la empresa escalando sobre quien sea necesario, y cómo no, aspirar a un sueldo acomodado.

Creo que son deseos lícitos (crecer, avanzar, vivir bien), pero no a cualquier precio ni a través de métodos que difieran del duro esfuerzo personal y del cuidado de la ética.

Cuando la ansiedad por recibir reconocimiento y afirmación constante toman el timón de nuestra nave, perdemos el norte y nos revelamos como una persona descontenta, cargante, pesada y desagradable; dejamos de ser quienes estábamos destinados a ser.

 

Pero, ¿qué es la inteligencia y qué papel juega en el éxito y en las relaciones laborales?

Citando los recursos de estudio sobre inteligencia humana del Dr. Mario Alonso Puig, otorgamos excesiva importancia al nivel de inteligencia medible por el test de coeficiente intelectual, aun cuando tanto esta vía y lo que se mide, no goza de un efecto representativo en el éxito que conseguirá la persona en la vida, tampoco en el trabajo.

Otras inteligencias menos citadas en nuestro entorno son <<la intrapersonal, que se identifica con la capacidad de reconocer tus propios estados emocionales y de ser capaz de modificarlos de forma positiva; por otro lado, la inteligencia interpersonal, que constituye la capacidad de entender qué pasa en la otra persona y de relacionarte con eso, son absolutamente claves para tener éxito en la vida >>.

Trasladado a nuestro puesto de trabajo, una actitud rancia y enfocada en las apariencias va a destacar siempre la inteligencia intelectual o científica como única fuente de relevancia e interés. Por supuesto, abocada al fracaso.

<<Alguien que no sabe gobernar sus estados de ánimo, canalizar la ira, superar el miedo o entender a los demás, es difícil que progrese en la vida>>. Dr. Mario Alonso Puig

 

Relaciones que requieren una endodoncia de urgencia

Dicho lo anterior, la forma en la que nos relacionamos en el trabajo está ligada en gran parte a nuestra manera de afrontar nuestras emociones y situaciones personales, pero también a nuestra capacidad para entender a los compañeros de trabajo y de interactuar con ellos.

Así mismo, intervienen otros factores como mi autoestima y las conversaciones que mantengo conmigo mismo en mi cabeza acerca de mí, de quién soy, cuál es mi valor como ser humano…

Debemos reconocer que aunque está feo hablar de generalidades, como española que soy, tengo un problema importante –inculcado culturalmente- con mi forma de verme y de quererme a mí misma. Me encanto, soy la mejor, pero ni si quiera sé cómo quererme correctamente; me malquiero, y malquiero a los demás en consecuencia.

Somos acérrimos egocéntricos, u ombligocéntricos (aprovecho para inventar algún que otro vocablo ahora que la RAE está despistada viendo Telecinco).

Nuestra imagen está rota, y los ojos con los que miramos a los demás, también.

Todas las personas merecen la pena, aunque no lo creamos, y nuestras relaciones caídas son dignas de una endodoncia de urgencia con qué salvarlas de la extracción quirúrgica.

¿Tu jefe es un incompetente? ¿Abusa de ti, de tu horario y te obliga a hacer tareas que no te corresponden por un sueldo miserable?

¿Los chismes corren por la oficina como un galgo suelto en la dehesa?

¿Demasiadas tareas, estrés insufrible? ¿Compañeros tipo hiedra trepadora? ¿Temes destruir la oficina en un arrebato incontrolable?

Prepara el kit de endodoncia y mucho hipoclorito sódico, hay que instrumentar hondo.

Si nada de lo anterior se cumple; ¡Felicidades! Tienes el trabajo que todos deseamos. Cuídalo.

Consecuencias, siempre las hay

El precio de nuestra incompetencia/ignorancia emocional recae sobre todo el equipo, sobre los niveles de producción y finalmente lo más importante, sobre los pacientes.

Consecuencias para el jefe

Es estúpido provocar miedo, hastío, estrés y malestar en tus empleados. Jamás te respetarán ni te admirarán, sólo querrán encontrar un puesto mejor que el que les ofreces. Posiblemente rendirán peor, bajará la producción, generará conflictos internos y te dejarán colgado -y con razón- a la primera de cambio.

Tendrás  como empresario, que buscar a otros candidatos de forma constante, formar a nuevos empleados que acabarán yéndose en cuanto se quemen y sufrirás la vergüenza de ver cómo los pacientes perciben el mal ambiente.

Consecuencias para el empleado

Tu sustento está en juego, pero tu salud mental y física también. El estrés es el detonante de múltiples dolencias físicas. Las malas relaciones que mantengas con tus compañeros/jefe te afectarán aunque no lo creas. Podrían incluso dañar tu reputación frente a otras empresas que acaben siendo conocedoras del asunto. La paz no tiene precio, pero finalmente, tu interés principal debe ser el de proporcionar unos cuidados de calidad al paciente, ¿le vas a atender correctamente en estas condiciones?

Consecuencias para el paciente

Puede sufrir las consecuencias directas sobre su salud y/o economía debido a una mala asistencia clínica fruto del malestar del personal, ya sea por procedimientos mal ejecutados a causa del estrés o despistes del personal malhumorado y desganado.

Los pacientes detectan el malestar, las tensiones y rifirrafes dentro del equipo profesional de la clínica. También perciben como algo negativo que la clínica renueve la plantilla muy a menudo, ya que da a entender que hay problemas internos.

El paciente acaba sintiéndose incómodo en sus visitas y opta por tratarse en otra clínica. Esto sería lo menos malo, pensemos que podría sufrir las consecuencias de una mala praxis médica y eso es imperdonable e irreparable.

¿Y qué puedo hacer para cambiar la situación?

Desgraciadamente, no puedes cambiar la mente de los demás, pero sí que puedes cambiarte a ti mismo. No es un camino de flores. Es un proceso duro, lento y sacrificial que va a requerir cambios profundos en tu mente y corazón. La práctica de las inteligencias intrapersonal e interpersonal dura toda la vida.

– Con respecto a ti mismo, empieza cuidando tu autoestima. Quererse correctamente a uno mismo es la base para lograr que veamos y queramos a los demás como corresponde.

– Se consciente de que mereces la pena, y tus compañeros y jefe también.

– Quizá no sabes hacerlo o te da vergüenza, pero tienes que aprender a comunicarte con los demás y hablar las cosas para subsanar malentendidos, reparar consecuencias y eliminar conflictos. Hablar claro, de forma transparente y contenida.

Examínate a ti mismo. Siempre pensamos que el problema viene de fuera, pero la mayoría de las veces, nosotros somos los productores del problema.

– El trabajo no es el patio del recreo, respeta a los demás, habla con corrección, con serenidad, no te prendas como una fogata aunque lleves la razón. Se profesional, adulto y responsable.

– No viertas tu ira o tu mal rollo sobre los pacientes, jamás. Regala siempre una sonrisa y lo mejor de ti a las personas que confían en que cuidarás de ellas.

No te tomes todo como algo personal, porque seguramente no lo es.

No tengas miedo a pedir ayuda o consejo en personas de tu confianza o en profesionales. Todos la necesitamos muchas veces.

Para finalizar, si te animas, echa un vistazo a esta interesante entrevista, ¡te va a gustar!

Gracias por leer mi artículo, te deseo un día genial.

 

Sorry, the comment form is closed at this time.