La Comunidad de Madrid cuenta con casi 2600 personas sin hogar según el censo de 2017. La mayoría acceden a albergues municipales para pasar la noche, pero casi un millar de personas duermen plenamente al raso.

¿Alguna vez has pensado en qué significa no tener casa? Significa no tener descanso nunca más, dormir con miedo a que te hagan daño, a la violencia. Pasar mucho frío en invierno y extremo calor en verano. No tener baño, ni facilidades para el aseo personal. No dispones de propiedad, lo poco que puedes tener también puede desaparecer en una noche. Tener hambre y sed, no saber si mañana podrás llevarte algo a la boca, o si enfermarás porque lo que comiste estaba en la basura.

¿Sabes qué significa vivir sin igualdad? Porque reconócelo, cuando les miras, no les miras igual que miras al resto de la sociedad. Los sintecho solo reciben comprensión para relacionarse en igualdad con otras personas que viven en sus mismas condiciones.

¿Sabes qué significa que la sociedad te vea como un objeto molesto del paisaje urbano y no como un ser humano más? Nos molestan, les esquivamos, les negamos la mirada y nuestro saludo.

Las personas de la calle tienen serias dificultades para ejercer sus derechos, incluso los más básicos para la vida.

¿Imaginas qué se siente cuando te juzgan duramente por vivir en la calle? “Vagos, sucios y drogadictos que no quieren trabajar”, “Algo malo habrán hecho para estar así”, “Si duermen en un cajero es porque quieren”… Nada más lejos de la realidad. Tal vez va siendo hora de que te sientes junto a ellos a hablar, a escuchar y a consolar. Las sonrisas sin hogar encierran historias tremendamente duras.

Seguimos estigmatizando a nuestros iguales, y lo hacemos porque nos sirve como excusa para no tener que preocuparnos por ellos.

Esta noche, cuando te acurruques en tu cama sintiendo la suavidad y el calor de tu edredón, de tu pareja, de tus hijos: Piensa que en el portal de la esquina hay alguien solo, pasando frío, intentando dar alguna cabezada en medio de la inseguridad que supone vivir a merced de la violencia callejera.

Quizá no puedas sacarle de su situación, pero no le niegues tu saludo, tu sonrisa, tal vez un café caliente, una manta o una conversación de tú a tú. Si tan solo mirásemos a estas personas con la humanidad que merecen, tal vez encontrarían las fuerzas que necesitan para avanzar y progresar.

Tu sonrisa sin hogar importa mucho. Aunque nadie te vea, yo te veo y quería que lo supieras.

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