ESPECIAL ENERO 2017

Empezamos el año 2017 pisando fuerte con el especial del mes de enero. Y es que esta cuestión lleva largo tiempo rondando mi cabeza, y no sólo la mía, sino la de muchos dentistas españoles.

Veo cómo numerosas clínicas dentales se quiebran los sesos intentando retener a sus trabajadores, cuyo principal perfil es el de una muchacha joven de entre 20-35 años.

La queja que siempre escucho es: <<¿Por qué no aguantan? ¿Es que no quieren trabajar? ¿Qué les sucede a estas auxiliares?>>

Sé que hablando con total sinceridad me expongo al tribunal inquisitorial del sector, a la crucifixión o al apedreamiento público pero, ya decidí hace algún tiempo ser completamente transparente y decir lo que pienso aunque no concuerde con las opiniones generales. Se conoce como <<expresión libre de ideas incisivas>>.

Sólo matizar tres cosas antes de comenzar:

  1. Amo la odontología profundamente.
  2. Amo a los buenos profesionales de la odontología, sean dentistas, protésicos, auxiliares, higienistas e incluso agentes comerciales (sí, ellos también son personas y algunos muy majetes).
  3. Todo cuanto escribo  en las siguentes líneas pretende ser una crítica constructiva que busca el bien de todos, aunque pueda resultar difícil de escuchar o asimilar para algunas personas. La intención es bendecir -biendecir- esta profesión y a sus profesionales. Aviso de que empleo lenguaje sarcástico en algunos puntos sin ánimo de herir la sensibilidad de nadie. Recuerde que este es “Un blog duro de roer”.

Dicho lo anterior, mencionar que más adelante redactaré la II Parte de este artículo especial titulado: “¿Por qué he perdido mi empleo en la clínica dental?” donde todos recibiremos y compartiremos una segunda dosis de información y algunas cosas interesantes sobre las que reflexionar.

Un trabajador podría marcharse debido a…

1- Motivos personales.

La vida nos plantea grandes retos y giros sorpresivos, como enfermedades inesperadas e incapacitantes, familiares dependientes, la llegada de un bebé, cuidado de los hijos, divorcio, problemas psicológicos, etc.

2- El trabajador no es capaz de adaptarse a las exigencias, al estrés y a las altas presiones que conlleva el puesto de trabajo.

Decide marcharse porque la situación le supera. Este caso se da en clínicas con un alto volumen de trabajo, donde además no se contrata al personal suficiente. Sucede comúnmente en clínicas franquiciadas del tipo Unidental, Vitaldent… En estas clínicas huyen hasta los propios dentistas.

3- El trabajador es un vago que no desea trabajar y hace lo mínimo.

Rozando el comportamiento y la mentalidad NINI, este perfil de trabajador pasa de todo; sólo está ahí por la guita. Cuando encuentre algo mejor no tendrá pena alguna de dejar su actual puesto de trabajo. No me he tropezado aún con auxiliares así, ya que no trabajan precisamente por lo suculento de la pasta… Pero seguro que las hay, esto es Españistán.

4- Un trabajador profundamente desmotivado.

No está seguro de si quiere dedicarse a esta labor y sólo lo hace mientras encuentra otra cosa, por lo se convierte en un “trabajador nómada” debido a su insatisfacción personal.

 

5- Una mejora de empleo.

El trabajador encontró un trabajo con mejores condiciones, mayor sueldo, más cerca del domicilio, mejor horario, posibilidad de promocionar y le ofrecen formación continua, etc.

6- Estudios.

Se le presentó una oportunidad de oro para completar sus estudios o lo necesita para poder escalar dentro de las categorías profesionales y llegar a fin de mes.

7- Tensiones dentro del equipo profesional.

Una comunicación insuficiente o inadecuada que puede llevar a múltiples malentendidos. El trabajador que vive una situación de máximo malestar dentro del equipo profesional se siente agotado emocionalmente y decide partir.

8- Sueldo precario.

El tan famoso salario según convenio es claramente insuficiente, precario y empobrecedor. Una opción sería ofrecer un salario digno o en su defecto, que el trabajador se vaya a vivir a una cueva en la Sierra de Guadarrama (para el caso de los madrileños) y que se alimente de las plantas que crecen alrededor de dicha cueva. Ese <<salario según convenio>> no convence a nadie para que se quede por muchos meses.

9- Un cambio de planes inesperado.

No sería la primera vez, que se le promete a una higienista un contrato adecuado a su categoría profesional para más tarde decidir reemplazarlo por un contrato que implique menos responsabilidades, menor covertura social, etc. Recibí diversos testimonios de compañeras a las que les hicieron la púa, y ahí están las chavalas, haciendo raspados a pacientes periodontales con un contrato de auxiliar o de recepcionista. Por cierto, ¿esto no es ilegal? Esto me acerca al siguiente punto.

10- Imposición de tareas no relacionadas con el puesto de trabajo o no pactadas en la entrevista.

Pondré para ilustrar esta causa, un ejemplo perteneciente a mi repertorio personal. Mi superiora me exigió hacer el trabajo de la Sra. de la limpieza -porque ésta se marchó un mes de vacaciones y no había intención de contratar a otra persona para cubrirle-. No solo yo tenía que hacer esta tarea para la que otra persona hubiera cobrado un sueldo, sino que debía hacerla al terminar mi agotadora y extensa jornada laboral. Ahora viene lo mejor de todo: tenía que realizar gratis este trabajito extra si quería conservar mi empleo. A continuación hablaremos sobre <<la frase odiada>>. Aquí encajó a la perfección.

11- El trajador es chantajeado constantemente a través de la frase odiada.

¿Qué frase? Igual le suena familiar: <<Haces esto, y si no te gusta, pues te vas a la Puta Calle>>. No soy partidaria del uso habitual del lenguaje soez, pero es que la frase es esa. Concretamente <<la Puta Calle>> es una de las expresiones mejor valoradas y más empleadas en nuestro país a la hora de manipular al trabajador provocándole el temor de ser enviado allí. Lo que no saben algunos es que en estos casos, <<La Puta Calle>> es un lugar mucho más agradable donde estar.

12- Incumplimiento del horario laboral pactado previamente. Permítanme que tome este punto a título personal.

<<La auxiliar sabe cuándo entra a trabajar (y debe ser muy puntual llegando hasta 20 minutos antes para arrancar el chiringuito) pero nunca sabe cuándo saldrá de allí>>. Otra frasecita odiada para el repertorio, conozco un montón, de hecho hago memes con ellas en redes sociales.

Obligar a los empleados a trabajar horas extra para no tener que contratar más personal es una costumbre muy extendida en las clínicas dentales y en cualquier empresa española por regla general.

Pero los trabajadores se sienten explotados cuando esto se convierte en una costumbre. ¿Saben lo que pasaba por mi mente durante todas aquellas noches en las que tuve que salir de la clínica a las 22:00 – 23:00 – 00:00 por culpa de la mala gestión de sus dueños e incluso por culpa de un sentimiento avaricioso que no me pertenecía?

No, no pueden saberlo, las personas normales están en casa con sus hijos y sus familiares a esas horas.  ¿Tienen idea alguna de cómo afecta este esfuerzo extra a la salud y las relaciones familiares de los empleados?

Otra ilustración 100% real: A día de hoy padezco una enfermedad reumática que me produce dolores crónicos agudos de manera constante gracias a esas dosis de estrés y de trabajo extra impositivo. Mis compañeras también llegaron a enfermar en varias ocasiones. Como pueden ver, respetar el horario de trabajo estipulado en el contrato y las horas de descanso de los trabajadores es de lo más primordial si deseamos conservarlos por mucho tiempo.

13- Mala gestión a nivel interno, dentro de la empresa.

Sobre todo, en empresas que están empezando, en aquellas recién nacidas, o en las que trabajan múltiples socios que no se comunican lo suficiente y no son capaces de llegar a acuerdos comunes. Una organización pésima de los recursos materiales, del personal y de las secciones que componen el órgano vital de la clínica pueden traer también problemas de reputación frente a los propios pacientes y no únicamente malestar en los trabajadores.

Si estas razones te parecen muy gore, espera a ver la número 14.

14- Trato irrespetuoso de los superiores hacia sus subordinados y viceversa.

Otra práctica extendida en todos los sectores laborales y en todas las capas de la sociedad española. Queremos hacernos respetar y que se nos huela la grandeza a 3 km, pero nos pierden las formas y no sabemos respetar a los demás por el mero hecho de ser personas, dejando a un lado el estatus social, nivel económico, nivel cultural, educativo, etc.

“YO SOY DIOS Y TÚ NO ERES NADIE”, fueron los gritos textuales con los que fui obsequida por uno de mis exjefes dentistas. Sobra decir que duré dos meses con él.

Aquí no se libra ni el Tato. También sucede a la inversa, es decir, que nos encontremos frente a un trabajador orgulloso y altivo que no quiere recibir órdenes o instrucciones para realizar correctamente su trabajo. Welcome to my sweet Spain!

15- Falta de liderazgo.

El empresario tipical Spanish sufre tremendas carencias en cuanto a dotes de liderazgo, nos guste o no oir esto. Es una de las grandes lacras nacidas de nuestro sistema educativo en las escuelas y dentro del mismo núcleo familiar. No se nos enseña a ser líderes, porque el empresario que quiera ser respetado de verdad debería convertirse en el JEFE con mayúsculas. Los líderes parecen débiles.

Sin embargo, la diferencia es brutal. Tenemos mucho que aprender de los americanos en esto.

Desde pequeños se nos inculca la idea de ser competitivos y agresivos en todo cuanto hacemos y queremos conseguir, craso error.

En los dos extremos opuestos tendríamos:

El líder perfecto. Un personaje carismático y seguro de sí mismo, pero con un gran sentido de la humildad y la horadez. Trabaja hombro con hombro al lado de su equipo, sin importar las credenciales académicas que les diferencien.

Confía en sus trabajadores, delega en ellos, les apoya, les anima, les enseña, les aporta valor y seguridad. Los trabajadores a su vez responden dando lo mejor de sí mismos, trabajan felices y confiados, sabiendo que no deben temer y que se les valora grandemente por su esfuerzo y aportaciones a la empresa. Un buen trabajador jamás desearía abandonar a su líder. Su líder vale su peso en oro.

Como contrapunto extremo, encontramos al JEFE con mayúsculas. El JEFE con mayúsculas es alguien a quien temer y evitar por las esquinas porque te controla, no confía en tu capacidad y te machaca cuando cometes un error y a ser posible delante de los pacientes para mayor  ignominia.

Es posible que carezca de la humildad suficiente como para reconocer sus errores o carencias, podría ser altivo y orgulloso, ya que no tiene que dar cuentas a nadie, nadie le tose, nadie puede respirar en su presencia sin su permiso.

Es el señor feudal de sus tierras y exige a sus campesinos fuertes impuestos. El trabajador acaba desilusionado, desmotivado y quemado. Sólo trabaja por miedo a perder su empleo y en el fondo no aprecia a su superior ni a la empresa que le causa tanto malestar. Anhela encontrar un trabajo mejor.

Por supuesto, nada es blanco o negro, lo habitual es encontrarse con perfiles intermedios entre estos dos extremos, pero que por amor al tiempo, quedarán en el tintero para otro artículo.

16- Incompatibilidad con la vida.

El horario laboral impide al trabajador llevar una vida normal, tener familia, hijos, pareja, aficiones, mascota… Los horarios partidos, fuertemente instaurados en las clínicas dentales españolas no permiten conciliar la vida laboral con la vida familiar.

De hecho, y hablando de todo un poco, una cuestión que casi nunca falta en las entrevistas de trabajo para optar al puesto de auxiliar o recepcionista es: <<¿Piensas quedarte embarazada, tienes o quieres tener hijos en un futuro cercano?>> Además de ser una cuestión personal que no incumbe al empleador, una pregunta totalmente fuera de lugar e ilegal, es muy molesto escuchar esto de boca de un extraño, ya que no somos perras a las que haya que vigilar el celo por si se quedan preñadas.

Si los gastos veterinarios son un inconveniente tal vez este tipo de empleadores debería centrarse más en encontrar un perfil autómata, algo del tipo: <<La Sra PepiTrón, una chacha mecánica barata que únicamente requiere un cambio de aceite mensual para su funcionamiento>>. Entiéndanse el sarcasmo y el enfado, resulta  denigrante.

 17- Otras causas distintas a las descritas anteriormente.

  • Se marchó sin motivo aparente. Algunos trabajadores desaparecen un día sin dar explicaciones, piden su baja laboral y punto.  En su foro interno hay algo que jamás conoceremos. Son personas muy reservadas y tímidas que no revelan sus intenciones ni razones. Y en su derecho están.
  • Otra causa es el amor. El amor nos vuelve idiotas e inestables y somos capaces de abandonar empleos, familia, amigos, todo por esa persona que nos anega el corazón y la razón. Yo entre otras muchas me considero culpable de semejante locura.
  • Abducción alienígena. El trabajador fue abducido y no se supo mucho más sobre él, salvo que ahora cuida rebaños de cabras en un pueblo perdido del monte gallego. Cosas más raras se han visto…

-Si se les ocurre alguna otra causa, tengan la bondad de hacérmelo saber, yo también deseo aprender y mejorar como profesional-.

 

Conclusiones finales

No quisiera dar la sensación de estar defendiendo a los trabajadores a capa y espada y mucho menos de andar poniendo estigmas sobre la figura del dentista. No es esto en absoluto, créame, mi religión me impide mentir.

Solo deseo “pinchar” al lector para tentarle con la idea de regresar al cuartito de pensar, ese donde nuestras madres nos encerraban de pequeños. Esta vez no por obligación ni porque haya habido una travesura, sino por la voluntad de querer crecer. Somos seres rotos, llenos de imperfecciones, por lo que nuestra misión en la vida debería ser ayudarnos unos a otros a ser mejores a todos los niveles posibles.

¿Estaremos haciéndolo tan bien como pensamos? ¿En qué puedo mejorar tanto si soy dentista como auxiliar, higienista, recepcionista o dobladora de alambres?

<<Ir a trabajar con ilusión es esa pequeña aguja perdida en el pajar. ¿Qué pasaría si tuviéramos un detector de metales? ¿Y si fuéramos capaces de empatizar y ponernos en el lugar de los demás? ¿Y si nuestra prioridad fueran las personas y no lo material? Que encontraríamos nuevamente la aguja, nuestra ilusión perdida>>.

Me despido de ustedes deseándoles la mayor de las bendiciones y un gran éxito en el cuidado de sus pacientes. Ellos son la verdadera razón por la que escribo este pequeño Quijote; largo en su lectura, pesado en su meditación y duro de roer, como mi blog.

SALUD

Rebeca Farré Soto, higienista y protésico dental. Redactora de Masquedientes.

 

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