Según la OMS, (Organización Mundial de la Salud), “La radiación ionizante es un tipo de energía liberada por los átomos en forma de ondas electromagnéticas (rayos gamma o rayos X) o partículas (partículas alfa y beta o neutrones).

La desintegración espontánea de los átomos se denomina radiactividad, y la energía excedente emitida es una forma de radiación ionizante. Los elementos inestables que se desintegran y emiten radiación ionizante se denominan radionúclidos”.

Según datos, también recogidos en las definiciones que aporta la OMS, el 80% de la exposición anual a la radiación que recibe una persona procede de fuentes de radiación naturales, esto es, de la tierra, del agua, del aire y también cósmicas.

Por otro lado, la exposición humana a la radiación también proviene de fuentes artificiales, más concretamente de la energía nuclear y del manejo de radiación para fines diagnósticos médicos, en lo tocante a nuestra profesión, las radiografías apicales, de aleta, tac, tele-radiografías y panorámicas.

La exposición a la radiación produce daños en órganos y tejidos (y si no que se lo digan a la pobre Madame Curie). El nivel de afectación depende del grado de exposición y del tiempo.

La dosis recibida o absorbida por el organismo se mide en una unidad llamada Gray (Gy).

Otra unidad de medida muy importante es el sievert (Sv), que nos ayuda a medir la capacidad o potenciar para causar daño de la radiación. Esta unidad es muy grande, por lo que se suele trabajar con sus unidades más pequeñas; el milisievert (mSv) o el microsievert (µSv).

Para que nos entendamos, en un mSv hay 1000 µSv  y 1000 mSv en 1 Sv.

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