La palabra decoro procede del término latino decorum y se emplea en contextos relacionados con el respeto, la seriedad o la circunspección, la decencia y la honestidad.

Aquí van algunos sinónimos interesantes para abrir boca: compostura, estimación, respetabilidad, honra, decencia, gravedad, dignidad…

Cuando pensamos en el decoro que cada persona aplica a su propia vida y circunstancias, está claro que depende mucho de lo recibido en su aprendizaje familiar, bagaje cultural y ambiente.

El lio viene cuando carecemos totalmente de ese decoro mínimo que garantiza una “normalidad en las relaciones humanas” y la salubridad, perdiendo la compostura en nuestro puesto de trabajo.

Lo cierto es que es bastante patético tener que escribir un artículo para hablar sobre la pérdida del decoro en el ámbito laboral a estas alturas, ¿no se supone que estamos en nuestro mejor momento? Donde podemos ejercer libremente nuestras libertades y derechos como sociedad democrática, moderna, avanzada, educada, requetetitulada y blablablá… Se presume continuamente de que tenemos acceso a más y mejor conocimiento que hace 50 años, pero no tenemos ni idea de cómo comportarnos con los demás.

Nadie tiene por qué tomar las riendas de tu intelecto y decirte qué puedes y qué no puedes hacer en tu vida personal. Eso es algo que le incumbe a ti como adulto.

Pero el tema es diferente cuando hablamos del trabajo, y se nos olvida que estamos sirviendo a otras personas, a pacientes que depositan su confianza en nosotros para que cuidemos de su salud. Nos creemos inmunes y libres para montar una peli porno en el gabinete de esterilización o para vejar a nuestros compañeros de trabajo porque no tienen un título universitario o machacar a quien sea para escalar un puesto.

El código deontológico es sagrado, el trabajo que desempeñamos cada día es sagrado, nuestros compañeros de trabajo y los pacientes a quienes tratamos también son sagrados y merecen nuestro respeto total.

Si parezco pretenciosa diciendo que debemos ser decorosos en nuestro puesto de trabajo, estamos en lo cierto, lo soy y mucho, porque entiendo que el trabajo es para trabajar y servir a otros y no para satisfacer nuestros instintos animales o descargar nuestras frustraciones personales.

Igual soy yo, que me escandalizo muy rápido, pero el día que vi a dos dentistas escupiéndose mutuamente los chicles que masticaban en medio del pasillo de la clínica me quedó clara una cosa: el mundo se va a la mierda y nos caemos con todo el equipo.

El día que no seamos capaces de amar nuestra profesión y cuidar de las personas por encima de nuestros propios impulsos o deseos, esto se habrá convertido en un sinsentido. Y no solo eso, es una falta de respeto a nosotros mismos, una falta de amor propio.

Escribo indignada porque hay cosas que no me entran en la cabeza.

Algunos usuarios que escriben en Facebook porque no tienen dinero para ir al psicólogo, yo prefiero pensar que escribo mis pensamientos en este blog por si alguien está leyéndolos y se identifica con la idea de que necesitamos tomar conciencia de nuestras acciones y de sus repercusiones en el trabajo.

Comunicación y salud bucodental

Sorry, the comment form is closed at this time.