Hoy contamos con la colaboración especial de Francisca Soto Martínez, que ha sido auxiliar de odontología y administrativa durante toda su vida. Actualmente disfruta de una jubilación bien merecida y nos cuenta sus experiencias desde Águilas, Murcia, donde desarrolló su profesión en Centros de Salud Pública durante 36 años, 20 de ellos en el gabinete dental.

Rebeca F. Francisca, un placer tener hoy con nosotros a una profesional tan experimentada como tú, de antemano quisiera darte las gracias por colaborar en nuestro blog, y me tomo la libertad de tutearte puesto que somos viejas amigas.

Francisca S. Gracias a ti por darme esta oportunidad.

Rebeca F. Lo de antes y lo de ahora… Las nuevas generaciones deben conocer cómo funcionaba esta profesión tiempo atrás para valorar lo que tienen hoy por hoy y mejorar en lo posible su trato y cuidado hacia el paciente, que es en definitiva la razón principal de nuestra profesión. En el ámbito de los centros de Atención Primaria hace 30 años, ¿cuáles eran los principales tratamientos que llevabais a cabo en una jornada normal?

Francisca S. Realizábamos  numerosas extracciones recetando previamente antibióticos y analgésicos porque acudían la mayoría de las veces cuando las piezas dentales estaban en su último suspiro. Las curas de emergencia también eran otro tratamiento habitual y para ello teníamos un producto terapéutico natural elaborado a base de esencia de clavo que era aplicado con una torunda pequeña de algodón directamente sobre el diente.

Siempre se le aconsejaba al paciente ir a la privada a empastarse las caries, cuando podían y querían lo hacían y muchas otras veces preferían extraerse la muela tras el protocolo pertinente (se chequeaba el dolor antes de extraer, se le preguntaba si era alérgico a la anestesia o a los medicamentos, si tenía problemas de corazón,  hipertensión o diabetes y si había tomado correctamente el antibiótico de haberlo necesitado). Hace 36 años no existía un plan preventivo para niños y embarazadas como lo hay hoy día, por lo tanto, básicamente hacíamos extracciones y curas de emergencia. Años más tarde se incorporaron estas nuevas atenciones.

Rebeca F. ¿Cómo os las apañabais cuando necesitabais una radiografía?

Francisca S. No teníamos aparato de RX dentro del gabinete en esa época, cuando era necesario, se enviaba al paciente con un volante (prescripción)  a la consulta de RX del centro de salud, esto significaba también como se aprecia una mayor lentitud en el proceso de atención.

Rebeca F. ¿Crees que en la última década la sanidad pública experimentó grandes avances en el campo de la odontología o como pacientes seguimos disfrutando de unas prestaciones paupérrimas?

Francisca S. En la última década se ha avanzado bastante, pero sobre todo la calidad de los  materiales y en la formación de los profesionales más que en prestaciones. Sin embargo cabe destacar que disfrutamos de más prestaciones sanitarias en:

 Atención infantil; a los niños de entre 7 y 15 años se les hacen fluorizaciones, empastes en muelas de leche, sellados, tartrectomías cuando tienen sarro, enseñanza, extracción de dientes temporales, incluso hay planes para visitar los colegios anualmente y concienciar a los niños sobre la importancia de la higiene. También en casos muy especiales como malformaciones congénitas se realizan tratamientos estéticos y quirúrgicos del sector anterior.

Atención a la mujer embarazada; que disfruta de una limpieza gratuita durante su embarazo y de un seguimiento completo para vigilar las caries y la salud periodontal, que como sabemos con los cambios hormonales se puede ver afectada. 

Aun así yo pienso que debería haber más prestaciones para la gente que no tiene posibilidades de ir a la privada, sobre todo cuando se trata de casos que nada tienen que ver con un capricho estético.

Rebeca F. Algo que nos llena de curiosidad es saber con qué recursos materiales contabais tiempo atrás para realizar los tratamientos, ¿Cómo era vuestro instrumental y cómo lo esterilizabais?

Francisca S. Para empezar, antiguamente en la pública no nos daban guantes, mascarillas muy pocas; el material era muy escaso, pocos fórceps, pinzas y espejos. Teníamos una jeringa de acero inoxidable con una rosca en su punta donde se colocaba la aguja, y no te escandalices, pero esa aguja sólo se cambiaba una vez al día…

Entre paciente y paciente se sumergía en alcohol para limpiarla y al acabar la consulta se desechaba y se ponía una nueva. El instrumental que íbamos utilizando durante la jornada se cepillaba y se lavaba con agua y jabón, (entre paciente y paciente) y al final de la consulta se depositaba dentro del ebullidor, que era un aparato eléctrico a resistencias que se calentaban y hervía el instrumental usado, durante 20 minutos o más. Se sacaban y se secaban bien, eso era todo, te hablo de hace más de 30 años, luego las cosas han ido evolucionando y mejorando grandemente.

 Rebeca F. ¿Crees que esta precariedad de la época pudo incidir en la propagación de enfermedades como sida y hepatitis?

Francisca S, En esa época, afortunadamente en nuestro pueblo había pocos casos de estas enfermedades, era raro detectar alguno, y no tuvimos noticias de infecciones. En la actualidad revisando los datos epidemiológicos vemos que si han aumentado los contagios, pero no tenemos constancia de que se debiera a las prácticas de hace 30 años debido también a que son enfermedades más modernas.

Rebeca F. ¿Cómo era la relación entre dentista y auxiliar antiguamente?

Francisca S. Eran relaciones muy buenas, con Vicente el primer dentista con el que tuve el placer de trabajar tuve una relación muy cordial, respetuosa y de confianza, con Pedro también, mucha profesionalidad y compenetración. Cuando se sentaba el paciente en el sillón yo ya sabía perfectamente lo que el dentista iba a hacer a continuación, y todo preparado al instante de antemano, la gente se reía porque yo ya tenía todo preparado antes de que lo pidiera.

Ganábamos mucho tiempo y la gente estaba contenta y se sentía bien. Dentistas y auxiliares trabajaban codo con codo durante muchos años. El dentista tenía durante toda la vida su misma auxiliar y había una muy buena voluntad por parte de ambos.

Rebeca F. ¿Cómo describirías las relaciones dentista/auxiliar en la actualidad?

Francisca S. En la pública he visto buenas relaciones e igual ambiente, si hablamos de la privada, pues hay de todo, conozco clínicas donde las relaciones son excelentes, pero otras muchas donde no se puede decir lo mismo.

Rebeca F. ¿Qué cambios ha traído el paso del tiempo en cuanto al trato con nuestros pacientes en el ámbito de la salud pública?

Francisca S. Habrá de todo, imagino, siempre hay algún profesional que no está ahí por vocación, pero en general se trata con mucho cariño y cuidado al paciente. Al menos en nuestro círculo laboral ha sido así.

Rebeca F. ¿Y en la clínica privada? ¿Podríamos decir que muchos profesionales de la odontología privada han bajado la vista desde la boca hacia el bolsillo del “cliente”?

Francisca S. Yo creo que en la privada también se trata bien al paciente, pero se le mira mucho al bolsillo como tú dices. Antiguamente en las clínicas privadas, el dentista cuidaba mucho de sus pacientes porque eran sus propios vecinos y familiares, se conocían personalmente y había otros valores, no como ahora que se están perdiendo. Además el dinero no era tanto el centro de atención, sí, era un negocio; pero los precios no eran tan altos y abusivos como hoy día.

Rebeca F. La odontología conservadora es una actividad muy lucrativa para el sector privado, y eso ha despertado en los últimos años el fervor de muchos estudiantes que han optado por esta profesión frente a cualquier otra. ¿Crees que hay en la actualidad demasiados dentistas?

Francisca S. En la privada si, ha aumentado de forma exacerbada, en cada esquina se levanta una clínica. También hay muchos profesionales que quieren trabajar en la pública por el hecho de tener una nomina fija sin preocupaciones, unas buenas vacaciones, permisos sin sueldo, en definitiva grandes facilidades.

Rebeca F. Es curioso, pero he tenido la “desgracia” de conocer a algunos odontólogos que en medio de la crisis económica se tomaban la libertad de maltratar a sus auxiliares siguiendo la siguiente premisa: “Si no te gusta te vas, doy una patada a una piedra y salen 100 como tú”. Esto hace evidente que también hay mucho personal auxiliar, pero, ¿todas las auxiliares son iguales? ¿La formación importa a pesar de que no se valora lo suficiente hoy día?

Francisca S. Yo creo que cada profesional es diferente, según personalidad, forma de ser y preparación académica, no hay dos iguales. Para estar de cara al paciente que está enfermo además, debemos ser cariñosos, atentos y amables, además de tener buena formación. Así he trabajado toda mi vida con alegría y ganas, y he obtenido una buena reputación además de una gran satisfacción personal, pero sé que la gente comenta y se queja de otras auxiliares o higienistas que no son así. Debe existir una vocación, esto no es para todos.

Rebeca F. Ante la perspectiva de la falta de humildad, profesionalidad y responsabilidad que pueda presentar el equipo de una clínica ¿qué efectos crees que tiene para la propia empresa, para los trabajadores y pacientes?

Francisca S. No es nada bueno, desde luego. Cuando un paciente ve el trato aunque hagan bien el trabajo si no se ve una amabilidad se marcha a otra parte. En el trabajo crece el estrés y el ambiente está enrarecido, incluso hay miedo a la pérdida del empleo, y pueden surgir muchos fallos técnicos por causa de una situación incómoda y estresante.

Los dentistas que a cada momento cambiando de auxiliar no llegan a conocerse bien y se crea una inestabilidad y una mala imagen de la cual se enteran hasta los clientes. Para los trabajadores y sus familias se hace difícil la conciliación de vida familiar, discusiones, disgustos… El paciente acaba por no recibir el trato que merece.

Rebeca F. Algo cada vez más común como efecto de la crisis económica es el Mobbing. ¿Qué le aconsejarías a un trabajador que esté sufriendo acoso laboral en su entorno de trabajo?

Francisca S. Hablar seriamente con sus jefes y si no llegan a un acuerdo ir a un sindicato de trabajadores y pedir consejo profesional, “como hay tantas auxiliares te despido y se acabó”, no puede ser, tiene que buscar sus derechos, muchas se callan y van aguantando pero no es sano ni normal.

Rebeca F. ¿Qué opinas de los salarios de la pública?

Francisca S. Antiguamente eran muy bajos, ahora no es que sean altos pero son bastante decentes y están acompañados de muchos derechos y ventajas, como una buena jubilación, por ejemplo, a mi me ha ido de maravilla.

Rebeca F. ¿Qué opinas de los salarios de la privada?

Francisca S. Que depende de la generosidad del empresario, que suele ser más bien escasa y se agarran al convenio, donde los salarios son muy bajos para todo el trabajo que se desarrolla. Conozco clínicas donde trabajan y pagan muy bien, en otras por desgracia el salario es tercermundista y las auxiliares se van en cuanto encuentran algo mejor remunerado.

Rebeca F. Sabemos que has tenido la oportunidad de vivir en grandes ciudades como Barcelona y en pequeñas poblaciones como lo fue Águilas hace 30 años. ¿Qué diferencias acusaste entre unas ciudades y otras en cuanto a costumbres y hábitos de salud/higiene bucodental de sus pobladores?

Francisca S. En las ciudades grandes hay mayor variedad, pero por lo general suele haber un poco mas de cultura y riqueza por lo que tanto antes como ahora cuidan más de su salud bucodental. En los pueblecitos sigue habiendo otra mentalidad, “yo no me la arreglo, sácamela, que me duele”, pero afortunadamente las cosas han cambiado mucho con toda la información que hay entre las diferentes poblaciones. Digamos que vamos a mejor.

Rebeca F. Antes de dar por concluida esta entrevista, cuéntanos alguna anécdota divertida que te haya ocurrido durante una jornada laboral.

Francisca S. Estábamos en la consulta justo después de la hora de comer, a las tres de la tarde. Ya teníamos a nuestro paciente sentado en el sillón, era un señor de Jaén que había venido a trabajar para la recolecta del tomate (Águilas vive mucho de la agricultura). Y el dentista le dice al paciente: “Don fulano, lleva usted una pata de pulpo enganchada en la muela, se nota que ha comido usted hoy pulpo”. A lo que el paciente responde:”ah, qué va, eso lo que cené anoche”. ¡El muy cochino no se había lavado los dientes desde el día anterior! Qué asco nos dio.

Rebeca F. Anécdotas como esta tendrás a cientos, ¡vaya aventura! Pues hasta aquí nuestra entrevista, muchas gracias por tu valiosa aportación Francisca, ha sido un auténtico placer tenerte con nosotros hoy.

Francisca S. Gracias a Más que Dientes por darme la oportunidad de colaborar.  Sólo añadir que tengan confianza en la salud pública, que ha cambiado mucho, no tanto como se quisiera pero a mí me da mucha seguridad. ¡Hasta pronto!

 

 

“La alegría es la mejor enfermera”.
Hamerling.

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