EL ESPECIAL DE SEPTIEMBRE 2016

Soy higienista bucodental y mecánico dental como se decía antaño. Me encanta la odontología, pero a veces me avergüenzo de algunos profesionales que en su afán de parecer cultos e ilustrados a la hora de describir los protocolos de actuación en pacientes con síndrome de Down, simplemente; meten la pata hasta el fondo.

Leo y escucho cosas como “estos pacientes están más predispuestos a sufrir enfermedades bucodentales que los pacientes normales…”

Pero, estoy confundida… Si no son pacientes normales, ¿Qué leches son? ¿Dinosaurios? ¿Libros? ¿Mesas? ¿Bocadillos? Aahhhh no, espera… Es que esa es la forma “delicada” o mejor dicho, la forma condescendiente que se emplea para definir a alguien como “defectuoso”. Me parece denigrante cuanto menos. Sí, estoy muy cabreada.

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Diréis que lo más seguro es que no sea malintencionado, pero para ser sanitarios con vocación (se supone), tienen la sensibilidad donde yo guardo los millones; en ningún lado.

Sin embargo, como este es mi blog y yo digo lo que me da la real gana, diré que son pacientes normales, personas totalmente de a pie, con ilusiones, sentimientos, vivencias, con capacidades espectaculares; como la de amar sin juzgar a los demás.

El lenguaje pomposo queda muy científico, y a veces parece muy correcto, pero también carece de sentimientos y puede abrir heridas de arma blanca en el alma.

Dicho esto, para mí cuando una persona entra en la clínica dental, se convierte en paciente. Yo no creo que existan pacientes normales o anormales, ¡es ridículo!

Las personas con síndrome de Down pueden padecer exactamente las mismas dolencias bucodentales que alguien que no tenga trisomía 21; hablo de caries, enfermedad periodontal (gingivitis y/o periodontitis), deformación de los tejidos orofaciales, úlceras, maloclusión dental, bruxismo, etc. Nos puede tocar la lotería a cualquiera.

“…para mí cuando una persona entra en la clínica dental, se convierte en paciente. Yo no creo que existan pacientes normales o anormales, ¡es ridículo!”

Pero claro, está la élite dictaminando que los Down son mucho más propensos que la población “normal” (esperad, que me ha dado una pequeña arcada, traeré un cubo), a padecer anomalías craneales, faciales y bucodentales. Vale, ¿y qué? Cualquier padre puede tener un niño con dientes conoides o con gingivitis,  o con mordida cruzada. Parece como si hubieran encontrado el cáliz de Cristo o la alpargata de San Pablo apóstol…

Queridos padres, el tema es muy sencillo, ya que como las personas con trisomía 21 o síndrome de Down son normales, tendréis que afrontar las mismas dificultades y tareas de prevención que enfrentan el resto de los mortales, es decir:

  • Llevar al hijo a temprana edad al dentista para revisiones periódicas. Esto comienza a partir del primer año de edad, más o menos. Antes la edad era a los tres, pero por prevalencia de enfermedades como la caries a tempranísima edad, se ha adelantado.

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  • Si al niño se le detecta alguna malformación como paladar hendido o cualquier otra, requerirá de un proceso de tratamiento más especial y largo en el tiempo, pero no os asustéis, sólo poneos en manos de un buen profesional.

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  • Cepilladle suavemente las encías y los dientecitos de leche cuando los empiece a sacar, esto se puede hacer inicialmente con una gasa estéril, más adelante con un cepillito tipo dedal.

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  • Cuando son más grandecitos, se les va enseñando a cepillarse los dientes y se les ayuda si les cuesta (que les cuesta a todos… A no ser que el cepillo tenga una luz que parpadea o algo que lo haga más interesante, jejejeje, así son los niños).

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  • Recomiendo un cepillo eléctrico cuando cumplan más o menos los 6 años, para una limpieza más fácil y profunda. ¡Yo quiero uno de Star Wars!

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  • No emplear enjuague bucal hasta que el peque aprenda a hacer buches y a escupir. Cuando aprenda, es muy buen complemento de la higiene, siempre que no contenga alcohol.

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  • La pasta de dientes debe ser especial para niños. Un extra de flúor siempre ayuda y lo recomiendo totalmente, pero debe estar controlado en la clínica dental para no pasarnos con la dosis. ¡En la clínica ponemos unos barnices con flúor sabor fresa estupendillos!

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  • Cada niño aprende a su ritmo, tened paciencia, sed cariñosos y ayudadle a avanzar poco a poco.

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  • Algunas personas nacen con dientes conoides, poseen la mordida cruzada, o carecen de germen dentario (les faltará algún diente), etc. Pero como ya he comentado antes, puede sucederle a cualquier ser humano de este universo, así que no os preocupéis; sólo contad con un dentista especializado en niños (odontopediatra) y con un buen ortodoncista (el que pone orden en la boca), que sepan manejar la situación, desde temprana edad.
  • Es muy posible que el peque requiera ortodoncia, pero los padres junto con el odontopediatra y el ortodoncista, deben valorar si les compensa pasar por un tratamiento tan largo y pesado, yo creo que merece la pena si el desorden dental es muy grande. Yo tengo apiñamiento dental y sigo con vida… A veces merece la pena, y otras no. Debemos eliminar el prejuicio de que un niño o adolescente con este síndrome no va a entender y soportar el hecho de llevar una ortodoncia, sí que pueden, y como cualquier paciente, necesitan hacérselo comprender.

ortodoncia

  • En la adolescencia, de camino a la adultez, seguimos reforzando la importancia de que se hagan cargo de su propia higiene oral. Evitemos imprimir en su mente que sigue siendo un niño, (cuando es evidente que calza pelos en la barba…) la sobreprotección no es aconsejable para nadie. Por ello, puede tomar responsabilidades acordes a su personalidad, edad y gustos, como cualquier persona.

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  • Las visitas anuales al dentista son de obligado cumplimiento, para todos los pacientes del cosmos, para los extraterrestres que tengan dientes, también. Esto lo digo porque me he encontrado alguna vez con más de un paciente que dice: “Llevo más de 15 años sin ir al dentista y mira, mira, ni una caries”, hasta que abre la boca y el pozo de inmundicia que ya olía desde la puerta deja al descubierto sus virtudes…

“Espejitis aguda”, una dolencia poco conocida, será porque nadie habla de ella

“Los prejuicios nunca hacen justicia a las personas sobre las que son vertidos”.

Me encantó esta frase tan sencilla. Se formó en mi cabeza al ver las imágenes de niños con síndrome de Down que sus papás habían colgado en las redes sociales de una la fundación que les apoya.

En estas imágenes sólo puedo ver belleza, amor, simpatía, transparencia, pero sobre todo; naturalidad.

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La naturalidad es lo que nos hace auténticos y abiertos, pero por otro lado vislumbro que ésta, nuestra sociedad, aún está inundada por esa falta de naturalidad, sumergida en esa cerrazón.

Está llena de prejuicios ridículos. Prejuicios contra aquellos que no son “iguales” o mejor dicho, parecidos a nosotros… En nuestra pobre y desamparada mente solo cabe un espejo donde ver nuestro reflejo, tan egoísta tan egocéntrico, tan errático.

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Yo también era así hace mucho tiempo, (por causa de lo que recibes de tu entorno social), pero cuando creces y descubres lo equivocado que estás y el miedo tan rudo que padeces ante la inmensa variedad de la expresividad de nuestra genética, ¡ostras, reformas tu mente! Haces obras en tu azotea y alcanzas un poco más de dignidad al darle la vuelta a tu espejo para dejar de ver tu ombligo.

Padecer una enfermedad con dolores crónicos me ha cambiado bastante. Ahora que soy tan consciente de mi cuerpo y de mi alma, porque me duelen ambos, han empezado al mismo tiempo a brotar de mis venas ríos de misericordia y amor que antes estaban secos, hacia los más desvalidos, hacia personas enfermas o en situación de injusticia; incluso hacia los que padecen “espejitis” tal y como yo la padecía.

Las durezas de la vida curten el corazón no sólo para darle la vuelta al espejo en el que te miras continuamente, sino para quebrarlo en mil pedazos. La “espejitis” se cura casi por completo, casi, porque el tratamiento dura toda la vida.

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No, las personas con Síndrome de Down no son enfermos ni desvalidos, no son anormales, no son diferentes… SON MUY NORMALES Y CAPACES (¡SÍ, ESTOY GRITANDOLO BIEN FUERTEEEE!), sólo que en este mundo hay muchos enfermos con “espejitis aguda” todavía, y no trasforman su mente para amar y aceptar más allá de las diferencias que ven, aunque sean pocas.

Por eso los papás de estos niños son tan especiales, ¡tienen que serlo a la fuerza! No por tener un hijo con un trío cromosómico un tanto peculiar, sino por tener que lidiar con las personas que poseen un concepto de “lo normal” tan distorsionado.

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Queridos papás, os admiro. Seguid amando mucho a vuestros hijos y dando ejemplo a los demás para que aprendan cómo se hace. Un hijo es una bendición, yo por ahora sólo tengo sobrinos y es muy extraño porque es como si fueran míos pero no lo son, me estoy acostumbrando a la felicidad magna. ¿Cómo sería si fueran míos, míos del todo? Ni puedo imaginarlo aún…

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Os dejo este video que he encontrado en la red, ¡es muy divertido! Pablo Pineda es la caña…

¡Un gran abrazo! Os deseo las mayores bendiciones.

 

Rebeca Farré, Higienista Bucodental, Protésico Dental.

Por: Rebeca Farré, Higienista Bucodental, Protésico Dental.